Abrimos aquí una nueva pestaña dedicada a la Ciencia Ciudadana, a explicarla y fomentarla con el objetivo de que sirva de referencia para quien se acerca por primera vez al tema, o quien quiera estar al tanto de algunas de las últimas novedades en la materia. El objetivo no es recoger tan sólo las acciones de Ibercivis, sino también las de otras organizaciones que se dedican a la Ciencia Ciudadana y que pueden constituir caminos o ideas interesantes por las que avanzar, tanto en su vertiente de investigación como de comunicación o de participación. En último término Ibercivis cree a pie juntillas en el beneficio colectivo que puede conllevar la participación de la ciudadanía en el proceso científico, por eso quiere trabajar en la difusión del concepto para que resulte algo comprensible para todo el mundo. Nos gustaría contribuir con este espacio a generar debate, ideas o propuestas… en definitiva conversación en torno a la Ciencia Ciudadana y hacer de su comunicación algo útil para voluntarios, curiosos, científicos, universitarios, blogeros, etc.
Para empezar por el principio… ¿Qué entendemos por Ciencia Ciudadana?
Científicos que necesitan ciudadanos, ciudadanos que necesitan a científicos, y que colaboran con un objetivo común, el desarrollo de la ciencia para que solucione problemas del mundo real. El vínculo no es muy nuevo aunque sí el sentido del mismo. Volvamos la vista un pocohistory-of-vaccines-1 (1) al pasado. A partir del desarrollo de las sociedades modernas y democráticas en el ámbito occidental se fue extendiendo la idea de que el pacto social entre gobernados y gobernantes llevaba implícita una cierta mejora de las condiciones de vida de la gente, un cierto progreso colectivo que debía de caminar de la mano de la ciencia, fundamentalmente de la medicina. Esa idea se fue abriendo camino muy lentamente y no sin conflicto: los Estados fueron aplicando ciencia para consolidar y mantener sus poblaciones mermadas puntualmente por guerras y epidemias, y desde abajo los discursos de la contestación pedían para la gente algo más que caridad y asilos. De cualquier modo, la gente del común sólo participaba como receptores de vacunas, experimentos o tratamientos.
Ahora bien, la estructura jerárquica del proceso científico, antaño sólidamente instalado en el viejo, cerrado y mistérico sistema de cátedras, está dando paso en las últimas décadas a estructuras más horizontales y participativas, no ya sólo entre la comunidad científica, sino entre ésta y el resto de la sociedad. Ésta ha pasado de ser un receptor pasivo de los descubrimientos científicos a convertirse en voz que desea en primer lugar que se profundice en la investigación, que desea además participar y conocer, y que desea también poder reclamar las necesidades a las que la ciencia debe dar respuesta. Gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación es cada vez más sencillo poder participar en dicho proceso científico, algo que puede llevarse a cabo de diferentes maneras y con un nivel de implicación diverso, y que veremos con más detalle en otro post.
En el modelo de Ciencia Ciudadana todos ganan: los científicos consiguen validar sus experimentos con miles de datos o de información que de otro modo llevaría un enorme costo de recursos o de tiempo, y el ciudadano satisface su ánimo curioso o su vocación por aprender. Y gana la sociedad con un espacio eficaz para generar conocimiento y aplicarlo a la resolución de necesidades reales.Fathers Day
Tan nuevo es el campo que todavía quienes lo trabajan andan (andamos) enfrascados en debates sobre lo que es y no es ciencia ciudadana, quiénes son sus agentes, cuáles sus límites, sus teóricos o sus precedentes. Esperemos que esta ventana sirva para alentar a hacer camino con la Ciencia Ciudadana, y que al paso podamos contribuir a aclarar dudas y consolidar la idea del beneficio que puede aportar a la sociedad.