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Douglas Engelbart (1925-2013)

De Douglas Engelbart nos ha llegado que inventó el ratón, aunque nunca recibiera royalties por ello. Poco más ha trascendido a nivel general de este ingeniero e investigador que murió hace pocos días. Sin embargo al acercarnos a su pensamiento su figura se vuelve más importante que la de un inventor más o menos afortunado, sobre todo para el ámbito de la Ciencia Ciudadana y la Inteligencia Colectiva. Howard Rheingold publica en el MIT Technology Review una semblanza y algunas reflexiones sobre Engelbart.

No pocas de las cosas con las que estamos hoy en día familiarizados, como la edición de textos en pantallas, el manejo de computadoras con punteros y clicks, la comunicación vía audio-video y la pantalla partida o el uso de hiperlinks para navegar por el conocimiento, nacieron en el Augmentation Research Center del Instituto de Investigación de Stanford, que Engelbart ideó y diseñó allá por la década de 1960. Sin embargo nunca recibió apoyo suficiente para lo que imaginaba, una nueva interfaz de relación entre el hombre y las máquinas para mejorar la inteligencia de este último.

Y es que para Engelbart las computadoras y las redes tenían sentido para un fin más importante, poder amplificar la inteligencia humana para poder sobrevivir en el mundo que hemos creado. Denominó ese proceso como «collective IQ», cociente de inteligencia colectiva (ver su paper de 1962, Augmenting Human Intellect). Ese «collective IQ» incluía una más rápida comprensión, mejores soluciones y la posibilidad de encontrar soluciones a problemas aparentemente irresolubles. Afirma Rheingold: «If you want to understand where today’s information technologies came from, and where they might to be, the paper still makes good reading» (alucinante, 1962).

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El 9 de diciembre de 1968 Douglas Engelbart presentó en San Francisco el NLS (oNLine System). La presentación, radicalmente novedosa entonces, es hoy considerada como «la madre de todas las demos»

En realidad, la visión de gente usando pantallas y computadoras para resolver problemas de forma colaborativa viene de atrás. Engelbart se inspiró en un artículo de Vannevar Bush publicado en Atlantic Monthly titulado «As We May Think«, fechado nada más y nada menos que en 1945. Bush escribía entonces: «La suma de la experiencia humana se está expandiendo a unos niveles prodigiosos», algo que alentó a Engelbart a trabajar en estas ideas por el resto de su vida, pese a las advertencias de la gente de la academia y de la industria, que consideraba cualquier uso de las computadoras al margen del procesamiento de los datos en la ciencia o los negocios como «locura» y «ciencia ficción». Y trabajó considerando la tecnología como una herramienta para avanzar en una cada vez más necesaria forma de resolver de forma colaborativa los problemas, algo que en último término era parte de un sistema que auguraba cambios cognitivos, sociales e institucionales. En realidad, afirma Rheingold, encontró más difícil introducir nuevos modos de que la gente trabajara conjuntamente de forma efectiva, el eje central de su visión de conjunto, que de inaugurar formas nuevas de interacción entre personas y máquinas.

Más que interesante el rascar en el pasado los precedentes de ideas que todavía hoy nos huelen a nuevas. Sirvan estas líneas para reconocer y admirar a quienes abrieron caminos nuevos, no siempre bien comprendidos en el tiempo que les tocó en suerte vivir.