Al hilo de dos eventos finalizados no hace mucho nos gustaría reflexionar sobre la importancia de un apartado que también está en el ADN de Ibercivis, la comunicación científica. De eso se habló fundamentalmente en la 8th World of Science Journalism, celebrada del 24 al 28 de junio en Helsinki, y entre otras cosas en el 63th Lindau Noble Meeting, que tuvo lugar en esa ciudad alemana a principios de julio.

Como a pesar nuestro no estuvimos por ahí, recogeremos impresiones y sobre todo propondremos debates a partir de las crónicas y referencias que ya han sido publicadas porque el asunto nos interesa mucho (aquí, aquí y aquí). En Helsinki algunas conferencias giraron en torno a la idea de una necesaria autocrítica en el entorno del periodismo científico (Alok Jah, de The Guardian, consiguió remover de sus asientos a los asistentes al preguntar abiertamente «¿somos vagos los periodistas científicos?»). No nos enfangaremos en eso, que nos queda lejos, aunque sí en lo que hay detrás, una necesidad de esfuerzo muy elevada para, en primer lugar, comprender la cuestión, y en segundo lugar relatarla de forma sugerente en todas sus dimensiones (valor del aporte, repercusiones, aplicaciones…).  La cuestión gravita entre la comodidad de publicar una nota de prensa sin ir más allá, y las premuras y precariedad con las que muchas empresas periodísticas exigen a sus redactores (aquí, aquí, aquí o aquí, por poner tan sólo unos ejemplos) . Podríamos de algún modo distinguir entre el tiempo científico (lento, reflexivo, pausado, seguro…), y su antítesis, el tiempo político (cortoplacista, electoralista, resultadista…), y quizás en algún punto intermedio el tiempo periodístico, que precisa de reflexión e investigación, pero que es exigido por la actualidad. Ahora bien, ¿hasta qué grado? Sabemos todos que una cosa es la redacción de un texto y otra muy diferente la investigación que hay detrás, algo que puede llevar meses en algunos casos, un proceso que la crisis ha arrinconado mediante expedientes de regulación de empleo y precariedad laboral.pluma

La otra gran cita, el Lindau Nobel Meeting (premios Nobel reunidos con investigadores, periodistas, blogueros…) también abordó el asunto de la comunicación científica. Nos parece tan interesante que no nos resistimos a pensar sobre algunos debates que tuvieron lugar allí:

Partiendo de la idea común de que la comunicación científica es algo complejo, ¿merece la pena el esfuerzo? Para algunos sí, pues las decisiones políticas se basan en la mentalidad de la mayoría de la población, y esa mayoría no son los científicos, sino la gente (Werner Arber, PN en 1978). En cambio para otros como Harold Kroto (PN en 1996) resulta casi imposible hacer accesible la ciencia al común de la gente, pues la mayoría no conoce el lenguaje en el que se realiza la ciencia, matemáticas y álgebra.

El papel del periodismo fue valorado como algo muy positivo, más bien necesario, en la comunicación científica: un «amplificador» de lo que quieren contar los científicos, y como un elemento de formación constante para muchas personas que dejan de formarse en ciencia al salir de la escuela. Una idea nada baladí, porque cuando uno deja la escuela todavía vive por varias décadas, y el periodismo es una vía privilegiada para llevarles las novedades o el conocimiento científico y lo que eso implica para nuestra vida diaria.chispas luz

En no pocas conversaciones entre quienes pretendemos comunicar en Ibercivis surge el asunto, la eterna cuestión: ¿cómo llegar? ¿cómo crear un mensaje nítido, claro, sencillo, capaz de generar vínculos con el lector? Y sobre todo, ¿cómo hacerlo si en muchas ocasiones quien está al frente de la comunicación tiene dificultades para comprender los experimentos o los avances de la ciencia que debe comunicar? Sólo pensando en quien va a recibir nuestro mensaje podremos tener algún fruto. Ada Yonath (PN en 2009) lo resumía en el Lindau Meeting: «Explicar la ciencia dura al público general es un arte. Cuando veo los ojos brillantes en la gente que me escucha, eso es lo que me da satisfacción, y creo que les da a ellos un sentimiento real de lo que es la ciencia. Creo que deberíamos hacer eso, tenemos que estar realmente conectados con el público, sin importar si tienen 8 años ni cuáles son sus creencias; deberíamos tratar de llevarles un sentimiento de lo que realmente es la ciencia.”