Son varios los sectores donde está calando la ciencia ciudadana y varias las personas que continuan adquiriendo su compromiso interno de aportar a la ciencia porque al mismo tiempo reciben.

En este post contamos con las declaraciones de una profesora que va siguiendo el camino de la ciencia ciudadana y de Ibercivis.
Deseamos seguir ofreciendo relatos de diferentes expertos externos a nuestra organización.

Ciencia ciudadana: cooperación y retroalimentación

 Durante los días 11 y 12 del pasado mes de febrero más de 650 personas procedentes de 25 países participaron en el Congreso Citizen Science 2015 en San José (California). Era la primera vez que científicos, especialistas en comunicación, educadores, voluntarios, evaluadores, especialistas en tecnologías, y otros profesionales de diferentes áreas y de distintos países y continentes se reunían para tratar la realidad creciente de la Ciencia ciudadana.

Algunos días antes, desde la organización, en una de las discusiones vía twitter (#CitSciChat) se preguntó a los participantes sobre los resultados que esperaban obtener de aquel encuentro. Las expectativas de los asistentes se resumieron en los siguientes aspectos: lograr a través de la Ciencia ciudadana una mayor igualdad e inclusión social, tomar conciencia de la creciente importancia de las redes sociales en el avance de los proyectos colaborativos y en la conexión de proyectos locales y globales aprovechando mejor todo su potencial, seguir traduciendo el hablar y compartir en catalizar y crear, cerrar las brechas existentes entre vida cotidiana e investigación, desarrollar proyectos en los que las personas se involucren de modo creciente y no sólo en la recolección y suministro de datos, saber medir los resultados de los proyectos, conocer físicamente a los investigadores y promotores de la Ciencia ciudadana, hacer amigos…

Como voluntaria y como coordinadora de grupos escolares en diferentes proyectos, me interesa ahora reflexionar sobre esa creciente capacidad de los voluntarios de involucrarse. ¿Cómo lograr que la implicación aumente? ¿Es éste un objetivo prioritario entre los demás?

La Fundación Ibercivis es, como se explica en uno de sus proyectos, una organización sin ánimo de lucro que garantiza capacidad de cálculo a investigaciones que contribuyen al bien común y mejora de la sociedad, haciendo de puente entre la comunidad científica y la ciudadanía, al posibilitar la contribución de los ciudadanos en la investigación y su acercamiento a la Ciencia.

Y saben muy bien en Ibercivis, desde sus mismos orígenes, que una adecuada atención a los voluntarios es indispensable para una implicación continuada en la Ciencia ciudadana. La filosofía subyacente es la siguiente: el voluntario presta sus recursos tecnológicos o sus capacidades intelectuales con la conciencia de que siendo proveedor de información es también parte activa en la investigación; es alguien a quien le interesa el desarrollo de la ciencia y de la sociedad hasta el punto de querer implicarse, y la Ciencia ciudadana le brinda la oportunidad de hacerlo. Los voluntarios son, efectivamente, protagonistas de la Ciencia.

La colaboración siempre supone un esfuerzo, por pequeño que sea, pero cuando hay una satisfacción personal, la motivación permanece o aumenta. Si un voluntario conoce mínimamente la repercusión de su trabajo, o incluso alguno de los avances de las investigaciones en las que colabora, se verá lógicamente ilusionado para seguir aportando su contribución. Se trata de un círculo virtuoso en el que la acción individual reporta un beneficio para el bien común y, en consecuencia, también para uno mismo, y tanto lo primero como lo segundo supone un aumento de bienestar, de modo que la acción continúa realizándose.

La retroalimentación, esencial en la Ciencia ciudadana, se entiende no como objetivo sino como consecuencia. De otro modo, a la larga no se mantendría. La capacidad de compromiso de los voluntarios será tanto mayor cuanto mayor sea su percepción de que su trabajo es necesario y de que ellos están integrados en un sistema del que son parte, no tanto como lo es el material de laboratorio sino como lo son otros trabajadores, ya sean investigadores, administrativos, o personas de mantenimiento. Me viene aquí a la memoria lo que escuché decir en dos hospitales de ciudades diferentes a las personas responsables de coordinar el voluntariado: aunque su trabajo no sea retribuido y su relación con el centro no se establezca mediante un contrato, los voluntarios forman parte esencial de la plantilla del centro.

El altruismo no está reñido con un cierto reconocimiento que, de algún modo, refuerza nuestro carácter social. He visto la alegría de los adolescentes al recibir sus diplomas de participación. He visto también su entusiasmo al registrar sus aportaciones en un mapa donde veían gráficamente la labor realizada por muchos otros. Y qué importante es fomentar la capacidad de entusiasmo de un adolescente, por cierto. Y es que la satisfacción tras el logro es mayor aun cuando ese logro ha supuesto una coordinación de muchas personas, aún desconocidas.

Quiero apuntar por último que desde los comienzos de Ibercivis he podido percibir una cuidadosa atención por parte de la organización hacia los voluntarios, que es probablemente la clave principal de su magnífica evolución y posicionamiento en el ámbito internacional de la Ciencia ciudadana. Cooperación, bien común, gratitud mutua y satisfacción son claves de la Ciencia ciudadana, claves que no son sino las que impregnan el trabajo en toda sociedad humana que verdaderamente pueda y quiera llamarse así.

 

Maite Pelacho

Licenciada en Física. Profesora de Enseñanzas Medias