En esta tercera entrega de la serie “Antes de que se llamara ciencia ciudadana”, presentamos a Pascual Madoz (1845–1850), una «Wikipedia» territorial construida antes de internet.
Introducción. Entre 1845 y 1850 se publicaron los dieciséis volúmenes del Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, una de las mayores empresas de recopilación de información territorial realizadas en la España del siglo XIX. Aunque la obra lleva el nombre de Pascual Madoz, detrás de ella existió una extensa red de corresponsales, colaboradores locales y trabajadores de redacción. Más que el resultado de un único autor, el «Madoz» fue una gran infraestructura colectiva de conocimiento.
Una red distribuida de colaboradores. Madoz contó con más de mil colaboradores y alrededor de veinte corresponsales repartidos por España y los territorios de ultramar. Desde distintos lugares enviaron noticias, descripciones y datos sobre municipios, aldeas y comarcas. La información abarcaba cuestiones tan diversas como el relieve y el clima, los caminos y comunicaciones, la agricultura, la industria, el comercio, las escuelas, la población, la fiscalidad o la historia local. Esta red permitió reunir conocimiento procedente de territorios muy alejados entre sí y convertirlo en una obra organizada y consultable. Vista desde el presente, recuerda a los sistemas de producción distribuida de información que hoy denominamos crowdsourcing, aunque su funcionamiento era totalmente centralizado y jerárquico.

Conocimiento local y organización editorial. Los colaboradores aportaban información de proximidad, pero esta no llegaba directamente a la imprenta. La redacción dirigida por Madoz debía ordenar las respuestas, compararlas con documentación administrativa y adaptarlas a una estructura común. Para las localidades de mayor importancia, las entradas seguían hasta doce apartados dedicados a su situación, población, territorio, comunicaciones, producción, industria, comercio, riqueza e historia. El valor del proyecto no residió únicamente en la cantidad de datos recopilados, sino también en el intento de aplicar una plantilla común a miles de lugares. Esa normalización hizo posible comparar territorios y construir una imagen general del país a partir de numerosas aportaciones parciales.
Una fuente valiosa que también debe leerse críticamente. El Diccionario continúa siendo una referencia para historiadores, geógrafos, demógrafos y estudiosos del patrimonio local. Sin embargo, no toda la información que contiene posee el mismo grado de fiabilidad. Parte de sus cifras procedía de registros oficiales incompletos y algunos informantes podían ocultar o modificar datos relacionados con la población, la riqueza o los impuestos. Su importancia no elimina estas limitaciones: recuerda que todo proyecto colectivo necesita protocolos comunes, trazabilidad de las fuentes y mecanismos de validación.
¿Por qué el proyecto de Madoz es un referente en ciencia ciudadana?
- Inteligencia colectiva. La obra reunió miles de aportaciones locales para construir una visión amplia y detallada del territorio.
- Conocimiento situado. Los colaboradores aportaron información de primera mano sobre los lugares que habitaban, mostrando que el conocimiento también se produce fuera de los centros académicos y administrativos.
- Coordinación de las aportaciones. Una estructura común permitió organizar, comparar y convertir la información local en una obra colectiva de alcance nacional.
- Difusión del conocimiento. El Madoz reunió y puso en circulación una enorme cantidad de información territorial, anticipando el valor actual de compartir y hacer accesible el conocimiento colectivo.
- Una tensión abierta. El proyecto tuvo una dirección centralizada: Madoz seleccionó a los colaboradores y controló la edición. Aun así, anticipó cuestiones actuales de la ciencia ciudadana, como la participación territorial, la validación de los datos y el reconocimiento de quienes contribuyen.
¿Sabías que…?
El propio Madoz rechazó atribuirse en solitario el mérito de la obra: «No soy yo el autor del Diccionario», afirmó al reconocer el trabajo de sus colaboradores y de la oficina de redacción. Sus dieciséis volúmenes suman más de once mil páginas y continúan siendo una fuente esencial para estudiar la España de mediados del siglo XIX. Su historia también enseña que reunir muchos datos no basta: para construir conocimiento colectivo es necesario conocer su procedencia, comprobar su calidad y hacer visibles sus posibles limitaciones.
REFERENCIAS
Camarero Bullón, C., y Fidalgo Hijano, C. (2007). Conocer el territorio y sus gentes: el Diccionario geográfico-histórico-estadístico de España y sus posesiones de Ultramar de Pascual Madoz. Biblioteca: estudio e investigación, 22, 9–32. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3082821
Madoz, P. (1845–1850). Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (16 vols.). Madrid: Imprenta del Diccionario.
Consulta y descarga de PDF de cada tomo en Biblioteca Universitaria de Granada, Granatensis.
https://granatensis.ugr.es/discovery/search?query=creator,exact,Imprenta%20del%20Diccionario%20geografico-estadistico-historico,AND&tab=
Martín García, J. J. (2020). «Ocultando cantidades de mucha consideración»: población y riqueza en el Diccionario de Madoz. El caso de Burgos (1845–1850). Alcores: Revista de Historia Contemporánea, 23, 105–136. https://doi.org/10.69791/rahc.37