Hoy miércoles nos desayunamos con los titulares que ha dado lugar la rueda de prensa del presidente del CSIC, Emilio Lora-Tamayo: «La situación es apocalíptica» (El País) o «El CSIC necesita 75 millones antes de Octubre para evitar un cataclismo» (ABC). Lo cierto es que para el ámbito académico y científico la noticia, no por menos esperada o intuida, es desalentadora. Todo el que haya dedicado tiempo a la investigación sabe de lo nocivas que son las premuras para la ciencia, de tiempo o de dinero. Llevamos cinco años en los que en cambio prima el corto plazo en muchos de los aspectos relacionados con la gestión, la producción y la aplicación de ciencia. Puede que esté en crisis la noción de que la ciencia produce unos retornos muy claros y nítidos en el progreso del conjunto social, y puede que esto ocurra porque lo que está en cuestión sea el propio modelo científico y, en última instancia, de sociedad. La inversión en ciencia no es un gasto, sino una inversión, y aporta un elevado valor a un país y mejoras sustantivas a una sociedad, esto es sabido. En cambio, y pese a que los ingenieros del márketing tratan de sacar brillo y posicionar a la marca España, parece que a esta noticia no se le quiera otorgar la gravedad que encierra:  ¿no resulta lacerante que Science o Nature hayan dedicado artículos a explicar la difícil situación del CSIC y la ciencia española?

Dicho lo cual, Ibercivis camina. La noticia afecta sin duda a la fundación, por ser el CSIC uno de los patronos fundadores, y por su carácter específicamente científico. No obstante, Ibercivis lucha para financiar sus actividades y sostener la estructura en la que los investigadores puedan desarrollar sus proyectos, que además, por su enfoque participativo, contienen un espíritu más bien social, o socializante (no en el sentido político, sino en el de construcción de una ciudadanía responsable y solidaria). En los tiempos actuales, el planteamiento de la ciencia ciudadana debe de discurrir por la posibilidad de que las personas que consideran importante la ciencia para el desarrollo social puedan aportar su tiempo, su inteligencia, y por qué no, sus recursos. De ese modo, Ibercivis estudia la posibilidad de abrir una vía de donaciones, y se plantea con tacto la opción del mecenazgo. Una tarea, la de conseguir fondos, que siempre ha sido dura para la ciencia, pero que sin duda hoy en día, aquí y en este momento, es ardua y, por momentos, extenuante. No obstante, el ideario que anima los proyectos de ciencia ciudadana, sostenidos por una sociedad comprometida con la ciencia y sobre unos científicos comprometidos con la sociedad, hacen que ese trabajo de búsqueda de recursos siga siendo, por supuesto, ilusionante.

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